lunes, 21 de diciembre de 2009

Sobre la Libertad de Expresión

En los últimos dos meses nuestra prensa ha dedicado varias páginas y horas a destruir y señalizar el proyecto de ley de comunicación (la famosa ley mordaza) a punta de rumores, y digo esto porque recién hace 4 días la comisión presentó el informe de mayoría, que el pleno va a conocer el 10 de diciembre en el primer debate.

En Estados democráticos, como el nuestro, es tremendamente necesario que la ciudadanía cumpla con sus deberes y ejerza sus derechos a cabalidad. Si lo ceñimos al tema, a leer los proyectos de ley, investigarlos, analizarlos, discutirlos, para formarse un criterio y no convertirse en la caja de resonancia de ciertos medios de desinformación. Pienso que esa es una de las tantas formas de ejercer la tan cacareada libertad de expresión.


El jurista italiano Luigi Ferrajoli en su libro “Democracia y Garantismo”, respecto a la libertad de información, manifiesta que ésta “incluye dos derechos que nada tienen que ver con la propiedad: la libertad de manifestación del pensamiento y el derecho a la información. El uno es un derecho individual de libertad que consiste en la inmunidad ante censuras, prohibiciones o discriminaciones, y el otro, es un derecho social que consiste en la expectativa de recibir veraces, lo más completa posibles, y que no se encuentren deformadas por condicionamientos que respondan a intereses concretos”.

Es de conocimiento público que los medios de comunicación en nuestro país, salvo contadas excepciones, a lo largo de la historia han respondido (y responden) a intereses políticos y económicos, vulnerando ese derecho social que tenemos todos los ciudadanos a recibir una información objetiva. Tal vez de aquí surge la necesidad de regular esta actividad, para que las personas tengamos herramientas legales para exigir que la prensa pública y privada cumplan con su verdadero rol: informar.

En palabras de Ferrajoli "Gracias a esta confusión (entre libertad de información y propiedad de los medios de información) aquellos que son poderes patrimoniales -el poder empresarial y la propiedad de los medios de comunicación, que nada tienen que ver con la libertad- se sobreponen y coinciden con los derechos fundamentales, la libertad de expresión y el derecho a la información, y terminan englobándolos y devorándolos".

En buen romance la libertad de expresión pasa de ser un derecho fundamental (reconocido por la constitución y tratados internacionales) a ser un derecho meramente patrimonial, derecho de unos cuantos, pero que pretenden hacernos creer que es de todos.

El proyecto de ley de comunicación, no es la panacea, sin embargo, definitivamente es el inicio de un proceso de sinceración colectiva, por eso debemos estar vigilantes a que los principios consagrados en la Constitución de Montecristi sean el marco dentro del cual debe desenvolverse la ley, recién vamos a entrar en el primer debate, cumplamos nuestro deber ciudadano y estemos pendientes, no desaprovechemos la oportunidad histórica de parar los atropellos de cierta prensa deshonesta que se niega irracionalmente a ser normada.



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